domingo, enero 23, 2011

Una tarde...

Por sendas caminé
y llegué a un bosque encantado
montañas y praderas no impidieron
que volviera a tu lado.

Al verte pasar
el tiempo se detiene
las nubes te obedecen,
el sublime Vigilante
te cobija entre sus brazos.

La tarde parece detenida
sólo para mí,
de manera silenciosa
me siento a escucharla,
me cuenta que tiene celos,
celos de ti.
“Ya no me miras como antes,
me prestas menos atención.
¿Acaso no te asombra mi belleza?
¿O ya no te logro inspirar una canción?”
“Tú siempre estarás ahí
le digo- poetas vendrán poetas se irán,
y tú siempre viva y tan hermosa
¿No es eso mucha vanidad?”
 
La tarde callo, sólo el canto del viento
invadía aquellas colinas,
las nubes en compás armonioso
danzaban con sublime gracia
de la mano con el sol.

Cinco campanadas sonaron,
¿o era el latir de mi corazón?
Silbaba el viento
entre los pinos
la hojarasca seca
volaba por los caminos.
 
Es hora de irse a casa
me musitaba el sol.
Todavía no -le respondí-
déjame seis horas
y quince minutos más aquí
entonces, sólo entonces
me iré a casa, ¿sonriendo?
No lo sé, pero sabiendo que viví.

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