martes, junio 08, 2010

La Palabra


Durante mucho tiempo los manuscritos religiosos fueron copiados a mano, palabra por palabra, versículo a versículo, por los escribas judíos y cristianos, y con el paso de los siglos su veracidad histórica se hizo dudosa, ya que no "existen" (o existían) pruebas per se que las ubiquen en un contexto histórico, o por lo menos no los había hasta el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto. Antes de eso los manuscritos eran transformados cuando parecían heréticos; en los periodos de persecución religiosa, eran quemados, simplemente arrojados a las llamas. Se los prohibía, se les reescribía a veces, para hacerlos de acuerdo a la ortodoxia y la fe del momento. Eso son contar con la censura y manipulación hecha por la Iglesia Católica. Si estos textos los escribió la mano del hombre, ¿no son revelados? En el sentido estricto, no, ya que son obra de una mano humana, pero son revelados puesto que descansan en un sustrato de arte verbal, de palabras dichas (la que creemos que es la palabra viva de Dios que pasó de generación en generación). Al principio, el escrito no se destinaba al uso propio y autónomo de la lectura; sólo servía de soporte, de recordatorio para preservar la integridad de la obra oral, es más, surgió no como necesidad de comunicación sino más bien con fines comerciales tal como lo demuestra la escritura Fenicia. Pero a fin de cuentas, después de todo y ultimadamente, la Palabra, es cuestión de FE.


Quienquiera que nunca haya llegado a especular
sobre estas cuatro cosas:

¿Qué hay encima?
¿Qué hay debajo?
¿Qué había antes del mundo?

¿Qué habrá después?

más le hubiera valido no haber nacido
Talmud de Babilonia, Haguigah, 11b

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